Mi nombre es Charo y llevo 17 años con dificultad auditiva. Se me hace difícil el cómo transmitiros mis vivencias de persona sorda postlocutiva. Si os parece bien, empezaré presentándoos a aquellas personas que me han acompañado, comprendido, querido y ayudado, en este nuevo caminar. Mi marido Victorio, siempre cerca aunque sin hacerse visible, pero acomodando el entorno para subsanar aquello que podía dificultar mi audición en la actividad diaria, como cuando escuchamos música siempre buscando aquella frecuencia, tono, instrumento que me facilitaba el poder disfrutar del tema y como este ejemplo todo lo referente a no perder calidad de vida. Mis hijas Elvira e Inés, que no me dan tiempo a expresar que tengo dificultad auditiva, porque ya lo han hecho ellas. Mis compañeros, acogiendo, aceptando y facilitando la comunicación en todo que les caracteriza hacia lo diferente, lo diverso.

Recuerdo especialmente el encuentro con Carmela, mi llegada a la Pontificia, en un momento difícil, donde me sentía desconcertada, sin entender cuál sería mi futuro con mi falta de audición. Su calma, su optimismo, su lucha por reivindicar una ciudadanía plena de las personas con dificultad auditiva. Lucha a la que me sume, con la participación en el grupo de ayuda mutua, con la creación de SADAP, firmas de convenio, programación de actividades específicas en nuestra diversidad, Pero no todo es tan bonito ni encontramos estas facilidades e interés. Vivimos con muchas barreras en nuestro entorno. Barreras económicas ya que la solución tecnológica (audífonos, frecuencias FM, ambientes adaptados ..), ante esta barrera, las administraciones, hacen oídos sordos. Barreras comunicativas y Lingüísticas (necesita apoyos visuales), y a diario vivimos esta barrera, en cualquier trámite con la administración, sistema de Salud y ante esta barrera las administraciones hacen oídos sordos Barreras sociales, se nos imposibilita la plena ciudadanía y el derecho a ser informados, a la participación y desde luego la Administración sigue con sus oídos sordos.

Barreras psicológicas cognitivas, apoyo en el momento de pérdida y adaptación al medio y por supuesto la Administración sigue haciendo oídos sordos No quiero despedirme sin expresar mi condición de ser una mujer de fe (con perdón de la presunción) y el recurrir a esta dimensión, en los momentos más difíciles, donde he encontrado siempre esperanza y fortaleza, para seguir adelante. Me extendería más, pero espero haya ocasión de seguir expresando, nuestras sensaciones, vivencias, en esta otra manera de ser y vivir.

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