marzo 7, 2022

Usuario anónimo (Socio de SADAP)

Yo, un jubilado, con bastantes años a la espalda, voy a contar en primera persona, porque la experiencia es personal y solo mía, cómo he llevado y sigo llevando lo que para mí es un tormento, la pérdida auditiva. Desde mis tiempos de estudiante universitario, y sin yo saber la causa, ya me veía forzado a preguntar, de forma reiterada, a mí, compañero de turno, por lo dicho por el profesor. Atribuía a falta de atención a lo que era debido a pérdida auditiva. No fui muy sagaz. Por suerte, el ejercicio profesional que me permitió posteriormente ganarme la vida no exigía de oído fino, aunque en las relaciones sociales ya empecé a sospechar, sin tener certeza absoluta de; Que no oía bien.

Hasta que la evidencia se impuso y vino la recomendación por parte del entorno cercano de la necesidad de que me pusiera audífonos. Y si bien, es cierto, que estos aparatos ayudan a la audición, mi primera experiencia con ellos no pudo ser más decepcionante y es que las maravillas que me contaban sobre ellos difícilmente podían verse avaladas por la realidad. Terminé perdiéndolos y me alegré. Así que como, se me cierran muchas puertas como; La entrada a teatros, conferencias, clases y talleres, trato de que se abran otras, leo más, hago pasatiempos voy a practicar natación y procuro asistir siempre a las actividades y talleres, que organiza nuestra Asociación SADAP y que tiene en cuenta nuestra pérdida auditiva. Por otra parte, procuro inventar estrategias para no perder el contacto total con la gente, como por ejemplo, bajarme apps del móvil que traducen la voz a texto, que en determinadas condiciones pueden ayudar al entendimiento.

O cuando tengo algún encuentro casual en la calle procuro adelantarme en la conversación para elegir el tema, para después despedirme antes de lo que me hubiera gustado, pues muchas veces simulo entender lo que en realidad no he captado y siempre temo que entre la conversación se me haga una pregunta y como única respuesta mía sea la de permanecer callado. Pienso que en mi caso al ser una pérdida neurosensorial los audífonos son menos útiles que en otras, debido al deterioro del nervio auditivo y la imposibilidad de éste de transmitir al cerebro lo que el oído escucha. Así, que no queda más remedio que esperar a que la técnica, que ha demostrado no tener límites, nos brinde una utilidad en que los pensamientos no se transmitan por la voz vía oído. Ya existen experimentos que trabajan en este sentido. Que vosotros y yo lo veamos.

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